La calidad de la sociedad capitalista monopolista: cultura y comunicaciones – Parte II

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Por: Paul Baran y Paul Sweezy

Un profundo estado de malestar psíquico subyace a la demanda de esta clase de literatura, que, además, sirve de distintas maneras a los intereses de las élites. Un anuncio de The Power of Positive Thinking [El poder del pensamiento positivo] de Norman Vicent Peale exhorta a los ejecutivos a «regalar este libro a los empleados. ¡Paga dividendos!». Se afirma que un consumidor satisfecho explicaba que el libro había contribuido a acallar las quejas de sus empleados y había aumentado el entusiasmo de estos por la empresa. Los vendedores tienen «una nueva confianza en lo que venden y en la organización», y el personal de oficina muestra «mayor eficiencia» y una «marcada reducción de la tendencia a mirar el reloj».1 No en balde las ventas del libro de Peale, y otros parecidos, se han visto fuertemente  incrementadas por las compras al por mayor de grandes empresas para distribuirlo gratuitamente entre los empleados.

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La calidad de la sociedad capitalista monopolista: cultura y comunicaciones – Parte I

Fuente: Monthly Review. Selecciones en castellano, 3a época, no 1, septiembre de 2015. Edición online

El siguiente es un nuevo ejercicio divulgativo de nuestra parte para todo aquel que se interese por la teoría crítica de la sociedad y su actualidad en el camino de entender la realidad. Paul Baran y Paul Sweezy fueron unos académicos de un talante extraordinario en lo que comporta sus estudios y escritos (recordémoslos por ejemplo por el excelente estudio alrededor de la economía capitalista: El capital monopolista), sus planteamientos siempre se abrigaban en la seriedad de la evaluación concienzuda y general, que veía los problemas en su todo, y no como nos lo muestran las actuales ciencias sociales, como unas meras partes sin conexión alguna. Esta publicación ha tenido algunas pequeñas correcciones de estilo de su original, y debido a su longitud, se harán dos entregas que esperamos sean de agrado para los lectores.—David P.

Por: Paul Baran y Paul Sweezy1

La cultura de una sociedad incluye la educación de su juventud, la literatura, el teatro, la música, las artes —en resumen, todo lo que contribuya a la «formación y el refinamiento de la mente, los gustos y las maneras […] el lado intelectual de la civilización»2.Para avanzar en la investigación de la cultura del capitalismo monopolista, hemos escogido centrar la atención en dos áreas que nos ofrecen una extensa obra de investigación especializada y que juzgamos decisivas para la naturaleza de la cultura en su totalidad: la edición de libros y la radiotelevisión. Ambos son grandes negocios en la actualidad y, por lo tanto, demuestran hasta qué punto la cultura se ha convertido en una mercancía cuya producción está sometida a las mismas fuerzas, intereses y motivos que rigen la producción de todos las demás bienes.

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“Usted no sabe quién soy yo (…) perro catretriplehijueputa” Un análisis sociológico de la personalidad autoritaria colombiana.

garbinba

Por: Christian Castaño.

                              

Ya es conocido por todos episodio al que hace referencia el título de este artículo[1],  no es necesario mencionarlo de nuevo, y no lo es menos aquel video viral de “garbinba estrato 6”[2] en el cual un señor extremadamente furioso  -quién sabe exactamente  por qué motivo aunque evidentemente  por una riña entre conductores- arremete con una sarta de insultos realmente impresionantes a dos jóvenes –al parecer jóvenes- en una de las calles de Bogotá por no saber conducir, o, como suele suceder, por no conducir a su acomodo. Pero, ¿qué tienen que ver estos dos hechos además de tener que ver con el asunto de “ir al volante”? tanto en un video como en el otro se puede observar una conducta típica colombiana, aquella de invocar un status señorial-burgués,  un apellido o un escudo de armas para reafirmar la propia persona en un conflicto cotidiano, bien sea frente a otras personas o frente a la autoridad.  Esto es evidente en el video de Nicolás Gaviria con aquella sintomática expresión “Usted no sabe quién soy yo”, y menos recordado -en tanto que no es el atractivo principal del vídeo- en el caso del en extremo vulgar conductor bogotano, cuando en el minuto 0:30 uno de los ofendidos asevera, en son de amenaza:  “voy a llamar a mi cabo”; a lo cual responde el antagonista, en el minuto 0:36, “yo voy a llamar a mi general”. Esto parecería ser anecdótico, sin embargo, en mi experiencia como ciudadano -y tal vez en la de la mayoría de nosotros- he visto miles de veces, en todo tipo de riñas, blandir tales armas retóricas para asustar al enemigo, apelando a una cercanía real o ficticia respecto de ciertas jerarquías policiales, militares, burocráticas, etc. cuando no un título de nobleza a la manera de Nicolás “el bobito” Gaviria.

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