Un mundo sin un logos

Publicamos este artículo inédito en español, perteneciente a un boletín científico del año de 1964. Los ejes de este documento son la ciencia y la técnica, la primera, referida a la manera como el ser humano regula su contacto con la naturaleza y con la propia realidad en el momento en que esta pareciera que ya no le pertenece ni se debe a él (algo que viene excelente en la reflexión sobre la descomposición del pensamiento en nuestra época); la segunda, como el instrumento que tiene el hombre para deshacerse del yugo de la determinación que Kant trataría con brillante talante en su dicotomía necesidad-libertad. A partir de un modo de existencia que nace de las luchas entre clases, donde la oprimida continúa su depresión y languidez, la técnica no significa ya un bastión de la transformación cualitativa, es más bien, la manera de reforzar la vigilancia, la represión y la explotación contemporánea en “el mundo de la libertad”. Sugiero tener en cuenta la fecha de este texto, para que además se tenga consciencia de la anticipación realista que significa para nuestra época David P.

por: Herbert Marcuse1

Bulletin of the Atomic Scientists, Volume XX, Number 1, January 1964, Pp. 25-262

Cuando el nuevo método científico destruyó la idea de un universo organizado en relación a un fin último, esto invalidó al mismo tiempo un sistema social jerárquico en el cual los objetos y las aspiraciones del individuo eran predeterminadas por las causas finales. La nueva ciencia, “neutral” como lo fue, ignoró una organización de vida que privaba a la amplia mayoría de la humanidad de su libertad. En el curso de su esfuerzo para establecer la estructura física y matemática del universo, esta tuvo que rechazar además cualquier preocupación por el individuo concreto, el “cuerpo” perceptible. Un proceso tal de abstracción fue completamente validado por su resultado —un sistema lógico de proposiciones que rige el uso metódico y transformación de la naturaleza, con el objetivo de convertir este en un universo controlado por el poder humano.

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El asesinato no es un arma política

Publicamos este artículo inédito en español dado a conocer en alemán por Marcuse en el año de 19771 algún tiempo antes de su muerte, que muestra la visión que tenía él acerca del terrorismo y de la praxis en la izquierda alemana de la época. Toma sentido para la realidad colombiana tratar este tipo de temas, si tenemos en cuenta que se debate ahora mismo la posibilidad del paso de la vieja estrategia de la guerra de guerrillas —que por demás ha tenido todo tipo de consecuencias en la vida política nacional— a la vía política convencional del escenario “democrático”. Con respecto al juicio de Marcuse, con el compromiso inquebrantable que siempre lo caracterizó, vemos que hay un interés por el avance de la izquierda a un cambio cualitativo en la consciencia de los propios militantes, una cuestión un tanto postergada en el caso oriundo. Con el ánimo de siempre estar a favor de la crítica y la reflexión, invitamos a la lectura de este importante documento. —David P.

Por: Herbert Marcuse

Al tomar una posición frente al terrorismo en Alemania occidental, la izquierda debe primero preguntarse dos cuestiones: ¿Contribuyen las acciones terroristas al debilitamiento del capitalismo? ¿Son estas acciones justificadas en vista de las demandas de la moral revolucionaria? Para ambas preguntas debo responder en sentido negativo.

La liquidación física de personas -individuales-, incluso los más prominentes no mina el funcionamiento normal del sistema capitalista. Por el contrario, fortalece su potencial represivo sin (y este es el punto decisivo) además engendrar oposición a la represión o elevar la consciencia política.

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Pegarse un tiro en la cabeza porque siempre desesperamos de nuestro yo: La desesperación en Kierkegaard.

 

Snatch pistola
Snatch (cerdos y diamantes) -Guy Ritchie

 

Por: Christian Castaño.

Existen diversas formas de suicidarse: cortarse las venas, tomar cicuta —si no nos acusan de un crimen que no cometimos­—, tirarse de un edificio, mediante sobredosis, etc. pero siempre me ha llamado la atención aquella modalidad de pegarse un tiro en la cabeza, directo en la sien. Esa manera de decirle adiós al mundo y de saludar quién sabe cuál otro, a diferencia de las otras modalidades, se me antoja la más estoica: el suicida, con rostro pétreo e inexpresivo, se pone el arma en la sien y jala el gatillo. En cambio, es difícil imaginarse a quien se tira de un puente sin gritar o sin hacer gestos de horror mientras cae, o imaginarse al que se corta las arterias con una minora sin llorar como una magdalena, sin estar empapado de lágrimas y sin un rostro de dolor no-físico. Siempre que pienso en alguien que decide pegarse un tiro en la cabeza, me lo represento como una persona que, después de intenso desgarramiento interno, después de la angustia y la desesperación, decide ponerle punto final al asunto, rápido, sencillo, pero de manera desesperada, sin darle un tinte de martirio heroico a su determinación. Quienes se suicidan de otra manera, por el contrario, parece que en el momento inmediatamente anterior  a hacer el corte, a beber la cicuta —“La muerte de Sócrates”—  o el veneno de preferencia, tienen una actitud más expresiva, de dolor, de rabia, de melancolía… en fin, no se matan con una cara de palo, y además, toman por objetivo alguna otra parte del cuerpo poco espiritual, como la muñeca, o todo el cuerpo contra el pavimento o algún despeñadero. No se dan directamente en el yo, aunque de paso lo sacrifiquen.

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“Amélie” una película para entender la extrema derecha francesa.

Amélie. 

Por: Christian Castaño.

En Mayo de 2001, año en que se estrenaba en las salas de cine aquella reconocida película “Le faboleaux destin d´Amélie Poulain”, protagonizada por Audrey Tautou y dirigida por el célebre cineasta Jean Pierre Jeunet, aparecía en el diario “Libération” una artículo intitulado “Amélie pas Jolie” escrito por Serge Kaganski[1], en el que se hacía una fuerte crítica del film por tener una carga política de extrema derecha, al menos de manera implícita en sus elementos estéticos y retóricos. Dichos elementos se encuentran en un romanticismo evidente que caracteriza el film –con romanticismo nos referimos a la nostalgia por el pasado perdido y añorado-, que representa a París, la capital francesa, en el año 1997 –año en el que tiene lugar la historia- como si fuese la misma de los años treinta o cuarenta: étnicamente “limpia”, homogénea y “típica”. Al respecto nos dice Kaganski:

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“LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO” A propósito del tema “De la seducción” a partir de Jean Baudrillard.

gato

Por Christian Castaño.

Ésta frase, que comúnmente utilizamos para referirnos a aquellas situaciones en las que alguien  -incluso uno mismo- ha caído presa de la curiosidad respecto de alguna cosa, acarreando graves consecuencias –al menos en el plano retórico- para el curioso, tiene su origen en un refrán inglés del siglo XVI que rezaba “care kills a cat”, con un primer registro en una comedia de Ben Jonson llamada “Every man in his humour” , representada por la compañía de teatro de Shakespeare y en la que incluso el mismo célebre autor de Romeo y Julieta actuó[1]. Después de mucho tiempo el refrán cambiaría al conocido “curiosity killed the cat”  en el lenguaje cotidiano, y aunque  desconocemos la razón de ello, no debemos ser muy listos para adivinar la respuesta, pues a todos nos ha matado alguna vez la curiosidad, sobre todo en ese juego de la seducción, cuando alguien cae presa de otro que lo acecha –debo admitir que desgraciadamente no es mi caso-.

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