El asesinato no es un arma política

Publicamos este artículo inédito en español dado a conocer en alemán por Marcuse en el año de 19771 algún tiempo antes de su muerte, que muestra la visión que tenía él acerca del terrorismo y de la praxis en la izquierda alemana de la época. Toma sentido para la realidad colombiana tratar este tipo de temas, si tenemos en cuenta que se debate ahora mismo la posibilidad del paso de la vieja estrategia de la guerra de guerrillas —que por demás ha tenido todo tipo de consecuencias en la vida política nacional— a la vía política convencional del escenario “democrático”. Con respecto al juicio de Marcuse, con el compromiso inquebrantable que siempre lo caracterizó, vemos que hay un interés por el avance de la izquierda a un cambio cualitativo en la consciencia de los propios militantes, una cuestión un tanto postergada en el caso oriundo. Con el ánimo de siempre estar a favor de la crítica y la reflexión, invitamos a la lectura de este importante documento. —David P.

Por: Herbert Marcuse

Al tomar una posición frente al terrorismo en Alemania occidental, la izquierda debe primero preguntarse dos cuestiones: ¿Contribuyen las acciones terroristas al debilitamiento del capitalismo? ¿Son estas acciones justificadas en vista de las demandas de la moral revolucionaria? Para ambas preguntas debo responder en sentido negativo.

La liquidación física de personas -individuales-, incluso los más prominentes no mina el funcionamiento normal del sistema capitalista. Por el contrario, fortalece su potencial represivo sin (y este es el punto decisivo) además engendrar oposición a la represión o elevar la consciencia política.

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Pegarse un tiro en la cabeza porque siempre desesperamos de nuestro yo: La desesperación en Kierkegaard.

 

Snatch pistola
Snatch (cerdos y diamantes) -Guy Ritchie

 

Por: Christian Castaño.

Existen diversas formas de suicidarse: cortarse las venas, tomar cicuta —si no nos acusan de un crimen que no cometimos­—, tirarse de un edificio, mediante sobredosis, etc. pero siempre me ha llamado la atención aquella modalidad de pegarse un tiro en la cabeza, directo en la sien. Esa manera de decirle adiós al mundo y de saludar quién sabe cuál otro, a diferencia de las otras modalidades, se me antoja la más estoica: el suicida, con rostro pétreo e inexpresivo, se pone el arma en la sien y jala el gatillo. En cambio, es difícil imaginarse a quien se tira de un puente sin gritar o sin hacer gestos de horror mientras cae, o imaginarse al que se corta las arterias con una minora sin llorar como una magdalena, sin estar empapado de lágrimas y sin un rostro de dolor no-físico. Siempre que pienso en alguien que decide pegarse un tiro en la cabeza, me lo represento como una persona que, después de intenso desgarramiento interno, después de la angustia y la desesperación, decide ponerle punto final al asunto, rápido, sencillo, pero de manera desesperada, sin darle un tinte de martirio heroico a su determinación. Quienes se suicidan de otra manera, por el contrario, parece que en el momento inmediatamente anterior  a hacer el corte, a beber la cicuta —“La muerte de Sócrates”—  o el veneno de preferencia, tienen una actitud más expresiva, de dolor, de rabia, de melancolía… en fin, no se matan con una cara de palo, y además, toman por objetivo alguna otra parte del cuerpo poco espiritual, como la muñeca, o todo el cuerpo contra el pavimento o algún despeñadero. No se dan directamente en el yo, aunque de paso lo sacrifiquen.

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“Amélie” una película para entender la extrema derecha francesa.

Amélie. 

Por: Christian Castaño.

En Mayo de 2001, año en que se estrenaba en las salas de cine aquella reconocida película “Le faboleaux destin d´Amélie Poulain”, protagonizada por Audrey Tautou y dirigida por el célebre cineasta Jean Pierre Jeunet, aparecía en el diario “Libération” una artículo intitulado “Amélie pas Jolie” escrito por Serge Kaganski[1], en el que se hacía una fuerte crítica del film por tener una carga política de extrema derecha, al menos de manera implícita en sus elementos estéticos y retóricos. Dichos elementos se encuentran en un romanticismo evidente que caracteriza el film –con romanticismo nos referimos a la nostalgia por el pasado perdido y añorado-, que representa a París, la capital francesa, en el año 1997 –año en el que tiene lugar la historia- como si fuese la misma de los años treinta o cuarenta: étnicamente “limpia”, homogénea y “típica”. Al respecto nos dice Kaganski:

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“LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO” A propósito del tema “De la seducción” a partir de Jean Baudrillard.

gato

Por Christian Castaño.

Ésta frase, que comúnmente utilizamos para referirnos a aquellas situaciones en las que alguien  -incluso uno mismo- ha caído presa de la curiosidad respecto de alguna cosa, acarreando graves consecuencias –al menos en el plano retórico- para el curioso, tiene su origen en un refrán inglés del siglo XVI que rezaba “care kills a cat”, con un primer registro en una comedia de Ben Jonson llamada “Every man in his humour” , representada por la compañía de teatro de Shakespeare y en la que incluso el mismo célebre autor de Romeo y Julieta actuó[1]. Después de mucho tiempo el refrán cambiaría al conocido “curiosity killed the cat”  en el lenguaje cotidiano, y aunque  desconocemos la razón de ello, no debemos ser muy listos para adivinar la respuesta, pues a todos nos ha matado alguna vez la curiosidad, sobre todo en ese juego de la seducción, cuando alguien cae presa de otro que lo acecha –debo admitir que desgraciadamente no es mi caso-.

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“Usted no sabe quién soy yo (…) perro catretriplehijueputa” Un análisis sociológico de la personalidad autoritaria colombiana.

garbinba

Por: Christian Castaño.

                              

Ya es conocido por todos episodio al que hace referencia el título de este artículo[1],  no es necesario mencionarlo de nuevo, y no lo es menos aquel video viral de “garbinba estrato 6”[2] en el cual un señor extremadamente furioso  -quién sabe exactamente  por qué motivo aunque evidentemente  por una riña entre conductores- arremete con una sarta de insultos realmente impresionantes a dos jóvenes –al parecer jóvenes- en una de las calles de Bogotá por no saber conducir, o, como suele suceder, por no conducir a su acomodo. Pero, ¿qué tienen que ver estos dos hechos además de tener que ver con el asunto de “ir al volante”? tanto en un video como en el otro se puede observar una conducta típica colombiana, aquella de invocar un status señorial-burgués,  un apellido o un escudo de armas para reafirmar la propia persona en un conflicto cotidiano, bien sea frente a otras personas o frente a la autoridad.  Esto es evidente en el video de Nicolás Gaviria con aquella sintomática expresión “Usted no sabe quién soy yo”, y menos recordado -en tanto que no es el atractivo principal del vídeo- en el caso del en extremo vulgar conductor bogotano, cuando en el minuto 0:30 uno de los ofendidos asevera, en son de amenaza:  “voy a llamar a mi cabo”; a lo cual responde el antagonista, en el minuto 0:36, “yo voy a llamar a mi general”. Esto parecería ser anecdótico, sin embargo, en mi experiencia como ciudadano -y tal vez en la de la mayoría de nosotros- he visto miles de veces, en todo tipo de riñas, blandir tales armas retóricas para asustar al enemigo, apelando a una cercanía real o ficticia respecto de ciertas jerarquías policiales, militares, burocráticas, etc. cuando no un título de nobleza a la manera de Nicolás “el bobito” Gaviria.

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SURPLUS de Erik Gandini. El anticapitalismo romántico “ultraradical” hecho documental

surplus

Por: Christian Castaño.

El documental y casi video experimental realizado por Erik Gandini en 2003, es uno de los más renombrados trabajos audiovisuales en el ámbito de la discusión crítica frente al capitalismo imperante, y que hoy sobre todo, abre la discusión respecto de los modelos políticos y económicos que rigen el planeta en la sociedad global. Este largometraje inicia con las imágenes que nos dejaron las protestas contra la reunión del G8 en Génova en 2001, y el asesinato de Carlo Giulani en la revuelta ocasionada por los manifestantes, que mediante una distorsión de la imagen y acompañado por el single “Tríptico” de Gotan Project, genera la sensación de aumentar en el espectador el orgasmo libidinal y el caos de la protesta hasta su desenlace con los gritos de los manifestantes contra la policía italiana: “¡Polizia assassina!”. Por medio de la edición, Gandini pone contrastes entre el discurso oficial de Berlusconi frente a las protestas y los hechos reales en las manifestaciones de Génova, mostrando la brutal represión policial y el accionar del Black Block destruyendo los símbolos del consumo como su objetivo directo y , además, siendo ellos también el tema principal del documental.

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