La yihad como crisis de sentido: Juventud occidental en busca de Absolutos.

Islam for dummies
“Así, ese viejo sabio musulmán que me ha enseñado mucho sin exigir nunca nada a cambio, me escribía este invierno: Acabo de leer su trabajo sobre la sakina [presencia de Dios] […] es interesante pero falso […] no quisiera mostrarme descortés ni parecerle malévolo en lo respecta  a usted y a sus convicciones religiosas [en vano le expliqué a ese honorable anciano mi agnosticismo, no me hizo caso: para él soy un cristiano…]. Si los “vuestros” [los occidentales] e incluso usted sienten respeto por nuestro modo de pensar y por nuestra religión, es que ésta les domina o que no tienen confianza en la suya […] Porque en este terreno no puede haber ambigüedad [y afirma:] Cuando dos religiones se enfrentan no es para compararse  y hacerse cumplidos, sino para combatirse. Por eso ustedes no oirán nunca de nosotros que respetamos su religión […] Materialmente nos habéis dominado por vuestra fuerza guerrera y vuestro poder económico, pero desde el punto de vista religioso estáis vencidos”[1]

Por: Christian Castaño[2].

El 28 de Marzo el ejército  pakistaní tuvo que vérselas con más de 25000 manifestantes en Islamabad que protestaban en contra la ejecución de Mumtaz Qadri  acusado de matar a un gobernador de la provincia de Punjab, Salman Taseer, a causa de las críticas que éste hizo a las leyes que sancionan la blasfemia. Hemos asistido también a un atentado suicida en Lahore que ha dejado al menos 50 muertos, los atentados en Bruselas y, por si no lo recuerdan, al vergonzoso acto de tapar los desnudos de las estatuas de  Roma ante la visita del presidente iraní Hasan Rohani como muestra de respeto hacia la cultura y sensibilidad iraníes[3]. Dichos fenómenos tan diversos y particulares que muestran un intercambio problemático entre Oriente y Occidente, suscitan algunas preguntas acerca de la particularidad de las guerras que hoy se libran en un mundo globalizado y bastante secularizado, pero más aún, sobre el increíble fenómeno del terrorismo religioso en Europa, sus relaciones  con los conflictos geopolíticos en Medio Oriente, la marginación de los inmigrantes en este continente, la crisis de los refugiados, etc.

Varias posibles respuestas se han dado a los atentados de París —contra el semanario Charlie Hebdo y los más recientes— y los atentados de Bruselas: La más plausible es aquella de endilgar estas consecuencias al dogma mismo del Islam, y esto, aunque pueda parecer “obvio”, implica ya bastantes problemas; una segunda explicación, decimonónica pero evidente —aunque no menos problemática—, es aquella que ve las causas del terrorismo en la geopolítica imperial estadounidense[4], o, mejor aún, en las condiciones de la desigualdad[5] actual respecto de la redistribución por las rentas del petróleo,etc; y por último, algunas explicaciones de un carácter más psicológico, sociológico e incluso filosófico, esto último respecto de ciertas cuestiones relevantes acerca de los atentados o de los nuevos simpatizantes europeos que se integran a las filas del estado islámico, etc. Ante esta diversidad, vale citar una advertencia de Bruno Étienne en  la introducción a su trabajo erudito “El islamismo radical” antes de entrar a reseñar algunos aspectos de las explicaciones del último tipo:

“Si para Durkheim la religión no era más que la proyección de la experiencia social (la sociabilidad y el grupo social forman una única y misma realidad), yo no creo hoy que la vida religiosa sea un epifenómeno de la estructura social. El hecho religioso no existe en estado puro: éste es al mismo tiempo un hecho histórico, sociológico, cultural, psicológico y, sin duda, todavía algunas otras cosas. Insisto en esta multiplicidad de sentidos posibles porque la confusión comienza cuando un único aspecto de la vida religiosa se tiene por fundamental (por ejemplo, la muerte del Padre o la mímesis) o significativo (la instancia económica). Ningún aspecto es secundario o ilusorio” [6]

Dicho esto, si bien el terrorismo encuentra un caldo de cultivo en la región que está entre Egipto e Irán debido a la concentración del 60% o el 70% de las rentas petroleras en pocas monarquías, mientras solo un 10% es redistribuido entre los más de 300 millones de personas que allí habitan —según Piketty[7]—, generando así pocas oportunidades y bajos niveles de educación, y, por otro lado, el fortalecimiento de grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico ha sido el fruto de las injerencias de EEUU y otros países occidentales en la región, esto por sí solo no explica el porqué del entusiasmo de jóvenes conversos, no inmigrantes, e incluso exitosos en su vida laboral, terminan viajando a Siria para unirse a DAESH o se hacen volar en las entrañas de occidente. Esto es importante por varias cosas que resultan desconcertantes, por ejemplo el hecho de que  —según un estudio de la agencia de inteligencia británica— la mayor parte de los involucrados en actos terroristas no practican “su” religión regularmente, y antes bien, son novatos: Mehdi Hasan en su programa de Al jazeera “Up Front” comenta cómo por ejemplo los hermanos Abdeslam, autores de los atentados del 13 de Noviembre en París, vendieron el bar que atendían en Bélgica solo seis semanas antes  de los ataques; Sharif Kouachi, uno de los hermanos que atentaron contra los miembros de Charlie Hebdo se  la pasaba de fiesta, fumaba hachís y, según testimonio de un amigo, no diferenciaba entre catolicismo e Islam; dos británicos que admitieron haber estado en Siria ocho meses y que a su vuelta al Reino Unido planeaban realizar algunos atentados, antes de su partida ordenaron algunos libros en Amazon como “Islam for Dummies” “the Koran For Dummies” y “Arabic For Dummies”; o cómo uno de los hermanos responsables por las bombas de Boston era  un consumado fumador de marihuana, escuchaba rap y solía beber con amigos, etc[8]. y todo esto resulta  sintomático si pensamos que la pena por consumir drogas bajo la jurisdicción de DAESH es la muerte. En una publicación en su página oficial intitulada “ ISLAMIC STATE. Seven impressions of a difficult Journey”, Todenhöfer afirma lo siguiente:

“ 2) LA AFLUENCIA DE NUEVOS COMBATIENTES QUE SE UNEN AL EI CRECE A DIARIO: Estuve dos días en un campamento de recepción cerca de la frontera con Turquía. En ambos días, más de cincuenta reclutas llegaron desde varias partes del mundo. De hecho, no todos ellos eran hombres jóvenes que habían fracasado en sus países de origen. Contrario a lo que se cree comúnmente, había muchos jóvenes exitosos y entusiastas de países como Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Rusia, Francia y Alemania. Uno de ellos recientemente había aprobado el examen oficial en derecho y había sido admitido para trabajar en la corte como abogado. Pero este prefirió combatir en el Estado Islámico”[9]

Entonces ¿qué puede explicar la afluencia de nuevos combatientes de origen europeo a Siria, si son conversos y novatos, e incluso si desconocen buena parte de los elementos de la religión que dicen practicar? ¿cómo llegan a esos niveles de radicalización sin ser ‘radicales’ respecto de sus propias prácticas?. Según un artículo en línea del antropólogo francés Loïc Le Pape en el diario francés “Libération” intitulado “Le basculement vers le jihadisme n’est pas seulement religieux”, “Ahora lo que sabemos de los jóvenes convertidos que han partido a Siria o a Irak, nos dice totalmente lo contrario [de las  conversiones normales a una religión según algunos trabajos académicos]. Las conversiones son realizadas sin ninguna mediación clerical. No hay ningún imán, a veces un jeque de dudosa reputación; son conversiones que a veces suceden “en línea”, sin intermediarios identificables, y cuando conciernen a más personas, son conversiones secretas realizadas en grupos impermeables […] Las vocaciones nacen vía las redes sociales y las publicaciones del Estado Islámico, que ponen de manifiesto un compromiso triple, religioso, político y militar. El Estado Islámico juega hábilmente mediante una comunicación eficaz, sobre la  fascinación de un viaje a Oriente  y con una juventud en busca de absolutos.”. Y agrega: “Los jóvenes convertidos al EI se basan en una lectura reduccionista y violenta de  los preceptos del Islam y asocian creencias milenaristas y apocalípticas con una visión conspiracionista (los judíos, Occidente, los Illuminati) que combinan con una historia geopolítica grosera”[10].

Según Olivier Roy, experto en temas de terrorismo y profesor universitario, “ La radicalización es una revuelta juvenil contra la sociedad, articulada en una narrativa islámica de la Yihad, no se trata de la opresión a una comunidad musulmana víctima de la pobreza y el racismo: solamente la gente joven se une, incluyendo conversos que no comparten los sufrimientos de los musulmanes en Europa. Estos rebeldes sin causa encuentran en la yihad una noble causa global, y son instrumentalizados por organizaciones radicales (Al Qaueda, ISIS), que tienen agendas estratégicas […]De acuerdo con Roy, la religión entra a jugar un papel en la radicalización porque ofrece a la persona una narrativa de reestructuración de su vida en concordancia con la verdad y  el bien —pueden decir entonces que sus acciones son por propósitos más elevados. Aunque en realidad sus motivaciones son por lo general personales”[11]. Dentro de  algunas de  las causas de la radicalización que Roy encontró examinando historias de vida personales, entre otras topa con que casi siempre se tratan de formas de vengarse de los padres, familiares o personas cercanas  con las  que se convive, o, de otro lado, se trata de deseos de ser héroes, debido a conflictos  narcisistas.

Esos deseos de redefinir nuestra vida de acuerdo a una verdad o a determinado ideal que consideramos indiscutible, es sintomático de nuestra época, marcada por una decepción apabullante sobre la vida secular, y más aún, en la que podemos hablar de la muerte de “las ideologías”, evidentemente no en el sentido de un fin de la historia —menuda fantasía fascista— sino en el sentido de la militancia o la organización política. Alain Bertho nos habla de una crisis de “No-futuro”, en la cual no existe ya ninguna autoridad y se ha perdido toda la credibilidad en los gobiernos, destruyendo así el espacio público como “uso público de la razón”:  “Daesh es un niño mounstroso de nuestra época. Daesh se asienta en los imaginarios y las prácticas más contemporáneas: aquella de la imagen en línea, la de los  ‘youtubers’ y delas redes sociales de amigos en Facebook. La  verdad está en otra  parte, y Dios está en línea. Daesh le da a la rabia una misión, a la muerte un sentido, al bien y al mal una legitimidad divina […] En fin, Daesh inscribe su escatología    mortífera en la desaparición del futuro terrestre” [12].

Y ésta no resulta una conclusión extraña y novedosa, ya para la mitad del siglo pasado, terminada la barbarie de Auschwitz y del nacionalsocialismo en la segunda guerra mundial, Hans Raunschning, ex colaborador de Hitler que huyó de Alemania antes de la guerra, llamó a dicho episodio La revolución del nihilismo, como consecuencia y síntoma de eso que ya Hegel y Nietzsche llamaron la muerte de Dios, significando con ello la secularización de todos los ámbitos de la vida[13]. En efecto, el fruto del angostamiento del concepto de razón en la modernidad, mediante el apoderamiento del mundo para su transformación en mercancía gracias a un tipo de racionalidad científica puramente, o en mayor medida instrumental, condujo a eso que Weber llamó el desencantamiento del mundo. La muerte de dios es la muerte de toda metafísica como fundamento último del mundo, que junto al predominio de la racionalidad instrumental dejó aplazada la tarea la racionalidad como fundamento de los valores  ilustrados y modernos que cimientan la mayor parte de las democracias occidentales, precisamente aquellas que hoy, como hace más de setenta años cuando la crisis en la debacle de la ilustración con el surgimiento de movimientos radicales que tomaron el poder, asisten a la radicalización de sus juventudes que carecen de un sentido, cuando todo el concepto de libertad ha perdido su carácter de autodeterminación y expresión en la discusión pública. En la generación de un “no-futuro”, en las que tanto el sentido del bien y del mal han dejado de ser barruntos religiosos y los valores de la dignidad humana y  de la persona han sido ultimados por la única deliberación posible en el consumo de bienes y servicios, la juventud está optando cada vez más por fundamentos que le den sentido a su vida, que pueda otorgarles una brújula para moverse en horizontes de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, para así morir como mártires en París, Bruselas o Siria. El resurgimiento de movimientos que apuntan a la construcción espiritual en desmedro de la opción por  luchas políticas y/o concretas, la muerte de jóvenes brillantes en la autodestrucción de las drogas son “crisis de sentido”, pero también las radicalizaciones políticas a las que asisten aquellos que, aceptando falsas premisas de teorías maniqueas e irracionalistas, terminan considerando tesis como las del reemplazo de la población o la aculturación de Europa, es decir, grupos neonazis que recogen cada vez más integrantes  y que surgen incluso aquí en Colombia como meras maneras de existir, sin importar las inconsistencias internas de sus creencias y los pobres fundamentos científicos y filosóficos del fascismo — inconsistencias como aquellas de rechazo a los atentados en Francia o Bruselas y la defensa del occidente a pesar que los valores quebrantados en dichos atentados son los que ellos mismos combaten en el discurso como producto del liberalismo judío o masón, o como propuestas del marxismo cultural, etc.

Al comienzo de esta entrada citamos el fragmento de una carta que recibió Bruno Étienne de un musulmán, que resulta diciente de aquello a los que nos referimos, la crisis de los valores occidentales y el descrédito en que han caído por las razones ya mencionadas. Tal vez, como lo decía ese sabio musulmán, no hemos arraigado tanto como ellos esos valores que fundamentan nuestras sociedades, que si bien no son ya los valores del cristianismo  son aquellos de la ilustración y la modernidad —aunque buena parte de ellos nos vienen de la separación entre curas y seglares en la Edad Media (el término secular viene de seglar) en el catolicismo, y otros tantos de la reforma protestante—. Y es allí donde podemos encontrarle sentido a los pronunciamientos de Giovanni Sartori —aunque por cierto, no sin algunas profundas reservas:

“En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo […] Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política” [14]

Pdta: Este artículo pretendió reseñar algunos análisis que están surgiendo sobre los fenómenos a los que nos estamos enfrentando, y no pretende reducir toda la complejidad del yihadismo contemporáneo a estas últimas explicaciones psicológicas, sociológicas y filosóficas. Son tan solo hipótesis que se fraguan ante lo desconcertante y ante el débil poder explicativo de tesis puramente economicistas.

 

[1] Étienne, Bruno. (1989). El islamismo radical. Madrid: Siglo XXI. Pp. 17

[2] Politólogo Universidad Nacional de Colombia.

[3] http://www.elmundo.es/internacional/2016/01/26/56a765bb268e3e0c5c8b466c.html

[4] Boron, A. (2015). Atilio Boron página oficial. Obtenido de http://www.atilioboron.com.ar/2015/01/el-terror-en-paris-raices-profundas-y.html

[5] http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/inequality-is-behind-the-rise-of-isis-says-author-thomas-piketty-a6754786.html [traducciones son mías]

[6] Étienne. Op. cit. 1989, pp. 10

[7] http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/inequality-is-behind-the-rise-of-isis-says-author-thomas-piketty-a6754786.html [traducciones son mías]

[8] https://www.youtube.com/watch?v=Vop1ZNIc_j8

[9] Jürgen Todenhöfer. Obtenido de http://juergentodenhoefer.de/seven-impressions-of-a-difficult-journey/?lang=en  [Traducción es mía.]

[10] http://www.liberation.fr/debats/2016/01/17/le-basculement-vers-le-jihadisme-n-est-pas-seulement-religieux_1427012?refresh=574659&utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Facebook [Traducción es mía.]

[11] https://www.washingtonpost.com/news/wonk/wp/2015/12/18/why-young-people-become-jihadists-according-to-a-top-expert/?tid=sm_fb [Traducción es mía.]

[12] http://www.liberation.fr/debats/2016/03/24/de-la-rage-sans-espoir-au-martyre-penser-la-complexite-du-jihadisme_1441825?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Facebook#link_time=1458928634 [Traducción es mía.]

[13] Jaramillo Vélez, Rubén. Modernidad, Nihilismo y Utopía. Siglo del Hombre Editores, 2013. Pp. 161.

[14] http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-giovanni-sartori-islam-incompatible-occidente-201602041540_noticia.htmlref_m2w=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2F

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